¿Estoy sufriendo violencia de género? Cuando empiezas a dudar de lo que ocurre en tu relación | Psicólogo en Valladolid

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Como psicólogo en Valladolid, pocas mujeres he recibido que lleguen a terapia diciendo “Creo que estoy sufriendo violencia de género”.

La mayoría llegan hablando de otra cosa. De una relación que se ha vuelto muy complicada, de discusiones constantes, de celos, de sentirse cada vez más inseguras o de no saber ya qué hacer para que las cosas estén bien.

A veces llevan mucho tiempo intentando comprender a su pareja: por qué reacciona así, por qué se enfada tanto, por qué necesita controlarlo todo o por qué después de una discusión terrible puede volver a ser cariñoso y actuar como si nada hubiera pasado.

Y, en medio de todo eso, aparece una duda:

¿Lo que estoy viviendo es normal o hay algo más?

Si estás leyendo este artículo porque te has hecho alguna vez esa pregunta, no necesitas responderla ahora mismo. Pero sí puede ser importante que empieces a mirar algunas cosas.

La violencia de género no siempre se parece a lo que imaginamos

Cuando pensamos en violencia de género solemos pensar en situaciones muy claras, muy graves, que parece que una reconocería inmediatamente si le estuvieran pasando.

Pero cuando estás dentro de una relación, las cosas no suelen verse con tanta claridad.

A veces lo que notas es que discutís demasiado. Que últimamente tienes que explicar mucho las cosas. Que una conversación que parecía sencilla termina convirtiéndose en una bronca enorme y, cuando acaba, ya ni siquiera tienes claro cómo habéis llegado hasta ahí.

Puede que te descubras pensando antes de contarle algo: “a ver cómo se lo digo para que no le siente mal”. Que haya planes que prefieras no hacer porque sabes que traerán problemas. Que termines enseñándole una conversación para demostrarle que no ha pasado nada. O que después de una discusión te quedes dándole vueltas a si realmente has hecho algo mal, si has sido egoísta, si le has provocado o si, como él dice, estás exagerando.

Y seguramente muchas veces cedas.

No porque pienses que él tiene razón, sino porque estás cansada. Porque no quieres otra discusión. Porque quieres estar bien. Porque quizá mañana estáis estupendamente y tú misma piensas: “igual tampoco era para tanto”.

Es ahí donde me parece importante no fijarnos solamente en qué ocurre cuando discutís, sino en algo más cotidiano:

¿Cuánto estás cambiando tú tu forma de comportarte para que vuestra relación esté bien?

Porque cuando empiezas a medir demasiado lo que dices, lo que haces o cómo lo haces para evitar conflictos, quizá haya algo en vuestra relación que merece que lo miremos con más atención.

Cuando empiezas a adaptarte para evitar su reacción

Una conducta aislada no define por sí sola una relación. Lo importante es observar el patrón que se va creando y el efecto que tiene sobre ti.

Porque quizá la pregunta no sea solamente qué hace él.

También importa qué has empezado a hacer tú para evitar que él se enfade.

Cuando empiezas a vivir pendiente de su reacción

Esta es una de las cosas que más me interesa explorar cuando trabajo con una mujer que tiene dudas sobre su relación.

¿Puedes decir que no?

¿Puedes estar en desacuerdo?

¿Puedes hacer un plan sin anticipar cómo va a sentarle?

¿Puedes ver a tus amigas y a tu familia con libertad?

¿Puedes tener conversaciones privadas?

¿Puedes expresar que algo que ha hecho te ha dolido sin que la conversación termine girando sobre todo lo que haces mal tú?

¿Puedes negarte a mantener relaciones sexuales sin presión, enfado o consecuencias posteriores?

Y, sobre todo, ¿te sientes libre dentro de tu relación o cada vez calculas más?

El miedo no siempre se presenta como “creo que va a pegarme”.

A veces se parece más a un nudo en el estómago cuando tienes que contar algo. A pensar diez veces cómo vas a decir una frase. A sentir alivio cuando entra por la puerta de buen humor. A borrar un mensaje para evitar preguntas. A no contar determinadas situaciones a tus amigas porque sabes perfectamente qué te dirían.

O incluso a estar leyendo este artículo y pensar que preferirías que tu pareja no supiera que lo has leído.

“Pero cuando estamos bien, estamos muy bien”

Esta es probablemente una de las partes que más confusión genera.

Una relación en la que existe violencia no tiene por qué ser una relación horrible las veinticuatro horas del día.

También puede haber cariño, sexo, complicidad, proyectos, viajes, cuidados y momentos genuinamente buenos. Puedes seguir viendo en él muchas de las cosas de las que te enamoraste.

Y puedes quererle muchísimo.

Por eso es importante entender algo: querer a una persona y reconocer que determinadas cosas que ocurren en la relación te están haciendo daño no son ideas incompatibles.

En algunas relaciones aparece además lo que conocemos como ciclo de la violencia. No todas las situaciones siguen exactamente estas fases ni es necesario que aparezcan para considerar que existe violencia, pero conocerlas puede ayudar a entender esa sensación de estar viviendo relaciones completamente diferentes con la misma persona.

El ciclo de la violencia

¿Una relación conflictiva o una relación en la que existe violencia?

Tener discusiones no convierte una relación en violenta. Gritar alguna vez tampoco nos permite, por sí solo, entender qué dinámica existe entre dos personas.

Por eso, cuando alguien me dice “pero yo también grito” o “yo tampoco soy fácil”, intento ampliar el foco.

No se trata de decidir quién se porta peor.

Se trata de mirar qué ocurre con el miedo, el poder y la libertad dentro de la relación.

Y aquí aparece una cuestión que para mí es fundamental.

¿En quién te estás convirtiendo dentro de esta relación?

A veces dedicamos tantísimo esfuerzo a intentar entender a la otra persona que dejamos de observarnos a nosotras mismas.

Es que tuvo una infancia muy difícil.

Es que su anterior pareja le engañó.

Es muy inseguro.

No sabe gestionar la rabia.

Está pasando muchísimo estrés.

Quizá algunas de esas explicaciones sean ciertas. Comprender por qué alguien se comporta de determinada manera puede ser importante.

Pero comprender no significa justificar.

Y mientras intentas comprenderle a él, hay otra pregunta que no quiero que pierdas:

¿Qué te está pasando a ti?

¿Eras así antes? ¿Tienes libertad para ser tu misma?

¿Dudabas tanto de ti?

¿Pedías tantas explicaciones por lo que hacías?

¿Has dejado de ver a determinadas personas?

¿Hay partes de tu vida que has ido haciendo más pequeñas?

¿Te reconoces?

Porque a veces una de las señales más claras no está solamente en lo que la otra persona hace, sino en todo lo que tú has ido dejando de hacer para que la relación funcione.

Por qué puede ser tan difícil darse cuenta

Si todo empezara el primer día con una agresión grave, probablemente sería mucho más sencillo identificarlo.

Pero los límites pueden desplazarse poco a poco.

Algo que hace dos años te habría parecido impensable puede haberse convertido en una parte habitual de vuestra relación. Y alrededor de ello siguen existiendo el cariño, la historia compartida, los hijos si los hay, los proyectos, la dependencia económica en algunos casos, el miedo a equivocarte y la esperanza de que las cosas cambien.

Por eso puedes querer irte y al día siguiente pensar que estás exagerando.

Puedes contarle algo a una amiga, escuchar su preocupación y después sentir la necesidad de defenderle.

Puedes pensar “no puedo más” durante una discusión y, unos días después, sentir que quizá ahora sí las cosas serán diferentes.

Esa ambivalencia no convierte en irrelevante lo que estás viviendo.

Es precisamente una de las razones por las que puede resultar tan difícil verlo desde dentro.

No necesitas saber todavía si llamarlo violencia de género

Si estás buscando información o un psicólogo en Valladolid porque algo de tu relación te preocupa, no necesitas llegar a consulta con un diagnóstico sobre tu propia vida.

No tienes que decir “soy víctima de violencia de género”.

Puedes decir:

“No sé si lo que estoy viviendo es normal y necesito entenderlo.”

Y podemos empezar desde ahí.

En terapia , como psicólogos en Valladolid, podemos ayudarte a ordenar lo que está ocurriendo, observar la relación con algo más de distancia, recuperar tu propio criterio y valorar qué necesitas.

Pedir ayuda psicológica tampoco significa que alguien vaya a decirte automáticamente que tienes que terminar tu relación o tomar una decisión para la que todavía no estás preparada.

Primero necesitamos comprender.

Y después, desde un lugar en el que puedas escucharte de nuevo, decidir tú.

Antes de cerrar este artículo, hazte una última pregunta

Hay un ejercicio muy sencillo que utilizo porque a veces cambia completamente la perspectiva.

Imagina que una mujer a la que quieres muchísimo —tu hermana, tu hija, tu mejor amiga— te cuenta exactamente tu relación.

No solo lo malo.

Todo.

Lo mucho que le quiere. Los momentos buenos. Lo que él hace por ella. Las veces que se han reído juntos.

Pero también aquello que tú sabes y que quizá casi nunca cuentas.

Ahora pregúntate:

Si ella estuviera viviendo exactamente mi relación, ¿qué me preocuparía?

Y después:

¿Por qué me cuesta tanto preocuparme por mí de la misma manera?

No necesitas responder hoy si estás viviendo violencia de género.

Pero si este artículo te ha hecho detenerte varias veces, quizá haya algo que merece ser mirado.

Si tienes miedo o crees que puedes estar en peligro

Si existe peligro inmediato para ti o para tus hijos, llama al 112.

También puedes contactar con el servicio 016, que ofrece información, asesoramiento y atención especializada: por teléfono en el 016, mediante WhatsApp en el 600 000 016 o a través del correo [email protected].

Si sospechas que tu pareja controla tu teléfono, tus redes sociales o tu historial de navegación, intenta buscar información y ayuda desde un dispositivo seguro.

No necesitas esperar a que ocurra algo peor para empezar a hablar de lo que ya está ocurriendo.

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